La demencia es uno de los mayores miedos asociados a la vejez. Al estar relacionada con enfermedades que no tienen cura, como el Alzheimer, una de las preocupaciones centrales es qué podemos hacer para no desarrollarla.

En este sentido, aunque no existe un tratamiento eficaz o un método de prevención comprobado para la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, sí se puede reducir el riesgo o retrasar su aparición.

Así lo destacan desde la Clínica Mayo, que -en vísperas del Día Mundial del Alzheimer- organizó un encuentro del que participó Clarín con Ronald Petersen, neurólogo y director del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de esa institución, catalogado como líder en los esfuerzos internacionales para el abordaje de la enfermedad.

1- ¿Cuál es la diferencia entre demencia y Alzheimer?

“La demencia no es una enfermedad, es más bien un término que describe un grupo de síntomas que afectan la memoria, el pensamiento y las habilidades sociales. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia”, aclaran.

Petersen hace hincapié en diferenciar claramente los términos, ya que la demencia puede estar causada por varios factores, pero la enfermedad de Alzheimer se asocia a determinadas cuestiones bien específicas.

“La demencia es un síndrome, y significa que una persona no puede pensar tan bien como lo hacía antes: tiene olvidos, dificultad para encontrar las palabras que desea pronunciar, inconvenientes en las habilidades espaciales, de atención, de concentración; todo lo cual afecta su funcionamiento diario”, puntualiza.

La apatía y el aislamiento pueden ser signos no cognitivos de demencia. Foto Shutterstock.


La apatía y el aislamiento pueden ser signos no cognitivos de demencia. Foto Shutterstock.

Petersen señala que al analizar cuáles son las causas de la demencia, la enfermedad de Alzheimer aparece como una anormalidad de dos proteínas en el cerebro: tau y beta amiloide, que “desestructuran” el correcto funcionamiento cerebral.

“La demencia del Alzheimer tiene una gran incidencia, pero la demencia podría ser causada por otras cuestiones como pequeños accidentes cerebrovasculares, tumores, hidrocefalia y una variedad de otras cosas que contribuyen a la demencia”, diferencia.

Al hablar específicamente de Alzheimer, el médico e investigador hace foco en tres cuestiones: diagnóstico, tratamiento y las formas de reducir el riesgo.

2- ¿Cómo catalogar los primeros olvidos?

Petersen fue consultado por la diferencia entre la pérdida de memoria normal, muy común cuando las personas envejecen, y las señales de que se están transitando las primeras etapas de la enfermedad.

“El deterioro leve puede describirse como empezar a olvidar información que recordaba, y probablemente aquellos que estén alrededor mío me digan ´no estás teniendo la misma memoria que antes, te estás olvidando de información importante´”, grafica.

Aconsejan, para recudir las chances de deterioro, no abandonar hábitos como la lectura. Foto Shutterstock.


Aconsejan, para recudir las chances de deterioro, no abandonar hábitos como la lectura. Foto Shutterstock.

Y aclara: “Esto no quiere decir que tenga Alzheimer, pero puede ser que la memoria no fuese la que era. Y podría tratarse de un deterioro cognitivo leve», advierte.

«En esos casos, no recordamos las cosas de la misma manera que antes, pero nuestra vida cotidiana funciona normalmente: pagamos las cuentas, conducimos, entonces un observador casual no se da cuenta. Sin embargo usted y su familia saben que su memoria no es lo que era, y eso se debe investigar”, sugiere.

Y aconseja que, de ocurrir eso, se debe consultar.”Es una llamada clínica a hacer exámenes, a testearse la memoria, para que el médico nos diga cómo está nuestra memoria”.

3- ¿Hay síntomas que no sean cognitivos?

Petersen admite que si bien suele hacerse alusión a las funciones cognitivas para detectar los síntomas, hay otras características del desarrollo de demencia y la enfermedad de Alzheimer que son conductuales, que muchas veces son producto de estas afecciones cognitivas, y que también sirven para estar alertas.

“Puede haber por ejemplo depresión, ansiedad, apatía, otros síntomas de que la gente está cambiando su estilo conductual, su personalidad. La gente tiende a retirarse, a participar menos, a aislarse del entorno, debido a que está subyacente la enfermedad de Alzheimer, por miedo a que los demás adviertan que ya no son tan capaces cognitivamente para interactuar con otros como lo hacían antes”, describe.

Estos “leves cambios conductuales”, como los denomina Petersen, son los que -además de los cognitivos- podrían llevar a identificar las características tempranas de este tipo de enfermedades degenerativas.

4- ¿El Alzheimer afecta más a las mujeres?

Sí. Si se estudia la prevalencia de la demencia de Alzheimer puede apreciarse que prevalece más en mujeres, señala Petersen. La pregunta es ¿por qué?

“Teniendo en cuenta que la edad es el mayor factor de riesgo, y que las mujeres tienden a vivir más que los hombres, pensábamos que la mayor prevalencia en mujeres estaba vinculada a esta cuestión: a que hay más mujeres que tienen mayor edad”, plantea.

El Alzheimer es el tipo de demencia más común. Foto Shutterstock.


El Alzheimer es el tipo de demencia más común. Foto Shutterstock.

“Pero la respuesta puede ser más complicada -contrapone-, y tal vez haya razones biológicas que predisponen en las mujeres a desarrollar la enfermedad de Alzheimer con una tasa más alta que en los hombres”, añade.

La explicación biológica estaría vinculada al impacto que determinada proteína tiene en hombres y mujeres, afectando a ellas de manera distinta que a ellos.

“Cuando las personas con la proteína e4 la transmiten, esto afecta distinto a las mujeres que a los hombres. Un estudio señala que las hormonas afectan el envejecimiento en la mujer, y esos factores pueden incidir respecto si una persona desarrolla demencia o no, y cómo esto impacta en la probabilidad de Alzheimer”, expone.

5- ¿Hay avances en los tratamientos?

Petersen diferencia el tratamiento orientado a los síntomas, y aquel que se propone mejorar la enfermedad, que está en desarrollo.

“Los tratamientos sintomáticos ya llevan 10 a 15 años, tenemos inhibidores de colinesterasa que están diseñados para incrementar los neuroquímicos que mantienen a las células neurales, para que duren más. Estabilizan, no mejoran el cuadro generalmente, y duran un período de tiempo”, expone.

“Estamos trabajando más en medicamentos o drogas que tienen como objetivo modificar la enfermedad, y tenemos dos objetivos: la amiloide y tau. Hay varias drogas para disminuir la amiloide que van a llegar a la fase final de la evaluación, a fase 3, en pocos meses”, se entusiasma.

6- ¿Estamos cerca de encontrar una cura?

Otra de las consultas versó en torno a la real posibilidad de que se encuentre una cura para esta enfermedad. ¿Estamos muy lejos? ¿Cuánto nos falta?

“Es una pregunta difícil pero importante -reconoce Petersen-, cuando se habla de una cura para la enfermedad de Alzheimer tenemos que volver a su definición, y si la definimos por la presencia de la proteína amiloide y la tau, para una cura tenemos que realmente detener el avance de estas dos proteínas en el cerebro”, explica.

Y añade: “Algunos de los tratamientos que buscan incidir en la enfermedad actualmente se están investigando y tienen ese propósito: detener este procesamiento de la amiloide en el cerebro, la tau es más difícil”, admite.

El médico indica que si bien estas investigaciones están menos avanzadas, se probarán tres medicamentos para tratar de detener el mal procesamiento de la proteína tau y remover la amiloide del cerebro, como un primer paso para curar la enfermedad.

«Va a ser un proceso largo, nos queda mucho por hacer, pero creo que es el primer paso en términos de avance.»

7- ¿Hay algún vínculo entre COVID-19 y el desarrollo temprano de Alzheimer?

“Los datos sugieren que hay formas del covid que pueden afectar el funcionamiento de la cognición, pero aún no está claro si eso se debe a la inflamación que ocurre en el cerebro cuando el covid ingresa a las células neurales”, afirma.

Se evalúa si el virus puede precipitar procesos, o sea, que este tipo de síndromes se desarrollen antes de tiempo.

Asistir a conferencias, otra forma de mantener el cerebro "en forma". Foto Shutterstock.


Asistir a conferencias, otra forma de mantener el cerebro «en forma». Foto Shutterstock.

“Lo más probable es que la condición inflamatoria que se produce tenga un impacto en la función cerebral y eso pueda acelerar condiciones neurodegenerativas que ya estaban presentes”, señala.

Sin embargo, aclara que se habla más de demencia que de síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

“Creo que no sabemos el impacto del covid sobre las proteínas subyacentes del Alzheimer, pero con respecto al envejecimiento, las funciones cognitivas y la demencia, sí podría tener un rol”, acota.

En esta dirección, alude al síndrome de covid largo: “Hay gente que se infectó hace meses o años y está demostrando cambios cognitivos que podrían deberse al covid, y eso es otro factor que complica las cosas y puede llevarnos a pensar en un leve deterioro cognitivo o la demencia misma. Estamos aprendiendo respecto al impacto en el sistema nervioso central, pero tenemos que estudiar más”, apunta.

“Hace 100 años, con el brote de gripe española, hubo una forma de esa infección llamada encefalitis que produjo enfermedad de Parkinson en el cerebro, entonces es posible que estos virus puedan afectar una función directa o indirectamente a través de la inflamación”, esboza.

8- ¿Cómo reducir el riesgo de demencia?

Petersen incita a prestar atención a las cuestiones que están a nuestro alcance para prevenir el deterioro cognitivo. “Existen más de una docena de factores de riesgo que las personas pueden controlar”, se entusiasma.

”Estos incluyen la presión arterial, el consumo de cigarrillos, la obesidad y la diabetes; además, otro factor importante es el sueño. Con la edad, y por diferentes razones, mucha gente tiene dificultad para dormir», señala.

Otros de los factores de riesgo que menciona son el consumo excesivo de alcohol, la pérdida de la audición y la contaminación ambiental.

“Si se ataca uno o más de estos factores, el riesgo de desarrollar una discapacidad intelectual al envejecer puede disminuir”, alienta.

La dieta es otro de los factores centrales a tener en cuenta: y pone como ejemplo de una opción saludable la dieta mediterránea, con gran presencia de verduras, carne magra, pollo y pescados.

Por último, señala la importancia de mantenerse activo, tanto en el aspecto físico como en el social e intelectual.

  • Ver a la familia y los amigos.

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